Roberto Ballester

Quietud activa. La no-acción de  Javier Joven como arte de superficie.

Cuando observamos una “no-acción” de Javier Joven se nos viene a la mente una aparente paradoja. Por un lado, su cuerpo permanece quieto, inmóvil, anclado en una misma posición y un mismo gesto, con el rostro oculto por un pasamontañas. Por el otro, esa misma quietud provoca, con el simple poder de su presencia, una reacción irremediable en los espectadores de ese inmovilismo. Se observa perfectamente en la reacción de los estudiantes a los que imparte clase, cuando realiza una no-acción. Se aprecia la inquietud que provoca esa atípica quietud. La no-acción de Joven provoca una
interpelación en el espectador de una naturaleza muy distinta a la que suele plantear los happenings. Aquí, la interpelación es indirecta y tiene que ver con la formación de expectativas, de una manera semejante a como lo hace, por ejemplo, Zen for film, de Nam June Paik. Como allí, se plantea esa paradoja en donde la afección con el espectador proviene de la propia ausencia de materiales que puedan incidir en el mismo, que el espectador pueda asumir, verbigracia, un contenido.

¿Cómo entender entonces esta no-acción? Su propia naturaleza nos exige responder a la pregunta: ¿es posible determinar a la no-acción como arte de acción? Ciertamente, si asumimos la definición que del arte de acción nos ofrece Richard Martel (1), en donde encontramos una insistencia en el carácter dinámico del arte de acción, que se enfrenta (sic.) al estatismo de la producción artística, pareciera que la no-
acción no tendría cabida. Así mismo, Martel insiste en el carácter temporal de la performance, que, según sus palabras, se da en un contexto y una situación determinados. Sin embargo, las no-acciones de Joven parecen poderse plantear en cualquier contexto y situación, y su estatismo performativo sería efectivo.

Y sin embargo, resulta imposible no admitir que los no actos de Joven poseen una dimensión performativa. En gran medida, esto es debido al carácter interpelativo que posee esa quietud de Joven, el modo en que la presencia inmóvil del artista afecta al espectador, una quietud activa cuya relación con el espectador es una relación de violencia. Javier Joven violenta al espectador en tanto que no cumple con sus expectativas, en tanto que no le ofrece un contenido performativo al que aferrarse. La pasividad del artista parece atentar contra la pasividad del público. Así, la no-acción de Javier Joven se encuentra en sintonía con la intención primaria del arte de acción, esto es, arrancar al espectador de su condición de expectante, romper la distancia entre  artista-público. Además, tal y como comenta Susan Sontag (2), el arte de acción molesta alespectador, no lo deja indiferente. Sin embargo, Javier Joven lleva a cabo un extraño ejercicio en el que esa molestia proviene justamente de la ausencia de molestia, de la ausencia de eso que supuestamente debe interpelar en el espectador, la ausencia de esa relación que parece intrínseca al happening o incluso la performance.

En este mismo sentido, creemos, la no-acción de Javier Joven es al arte de acción lo que el minimalismo es a la plástica. Como en éste, la presencia ineludible del artista inmóvil realiza su juego en la superficie: no hay nada representado, no hay un mensaje, una aparente intención. Es la mera presencia de Joven la que altera al espectador, la que lo afecta: la inacción que actúa de manera intensa, que reactiva alespectador que, ante la imposibilidad de alcanzar nada pasivamente en ese cuerpo inmóvil y oculto, tiene que abrir un diálogo con lo presentado.

Así pues, creemos, la no-acción de Javier Joven se nos presenta como una suerte de grado cero del arte de acción, un grado cero en el que nos queda, como elemento primario de ese arte de acción, la mera presencia del artista. Y en esta búsqueda de la
mera superficie de la performance que, en este caso, es igual a decir el propio cuerpo del artista, permite un acercamiento polimórfico y polisémico a la obra. La práctica de Joven parece responder de un modo cabal y directo al arte propugnado por Claes Oldenburg, configurando así un «arte al que se le da la oportunidad de partir de cero» (3), un punto de partidaque sólo puede ser la presente presencia del artista y nada más que ella.

Roberto Ballester, Zaragoza, 2015

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Notas:

  •  1. cfr. Martel, R., “Los tejidos de la performance”, en Martel, R. (ed.) Arte Acción 1. 1958-78, IVAM documentos 10, Valencia, 2004.
  • 2. Véase AZNAR, S., El arte de acción, Nerea, Hondarribia, 2006.
  • 3. Ib., p. 82.
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